Estamos por cerrar el año en medio de una violencia que ya es imposible de ocultar. Y no, la inseguridad no ha disminuido, por más que se intente sostener lo contrario desde el discurso oficial.

Lo que se dice no coincide con lo que vivimos todos los días en las calles, en nuestras colonias y en nuestras casas. Esta no es una percepción aislada ni un caso excepcional: es una realidad compartida por miles de personas en todo el país y, de manera alarmante, en nuestro estado.
Y no, no es oportunismo político como han decidido llamarlo los gobiernos de la 4T, es mostrar la realidad que enfrenta nuestro país y nuestro estado.
Tan solo de octubre a noviembre, los homicidios dolosos en Morelos aumentaron 1.5% (22 casos más) ¡en solo un mes!


Y eso es únicamente un delito. A la par crecen la extorsión, el robo con violencia, los feminicidios, las desapariciones y el miedo cotidiano de salir a la calle.
Apesar del arribo de 480 elementos de la Guardia Nacional (así lo confirmó Guillermo García Delgado, secretario de Protección y Auxilio Ciudadano de Cuernavaca), en nuestro estado se ha dejado ver la evidente ola de violencia que vivimos diariamente, que no es noticia, es rutina. Y aunque les hemos visto desplegados en diferentes colonias de Cuernavaca parece que en lugar de mejorar, la inseguridad ha empeorado, asaltos a plena luz del día, extorsión que ha llegado hasta los centros educativos, asesinatos, feminicidio y un alza en todos los delitos.
Y mientras desde el ejecutivo repiten que “la violencia va a la baja” la realidad es monstruosamente distinta: Morelos enfrenta una crisis de inseguridad profunda y sostenida. No se resuelve maquillando cifras ni repitiendo discursos. Se resuelve con acciones, resultados y una verdadera política de seguridad pública.